noviembre 21, 2025

AMAZONAS para VIAJERAS BRASIL COLOMBIA PERU

Mi vuelo de Avianca aterrizaba en Leticia, Colombia, a la una de la tarde. Llegaba a esta pequeña ciudad ubicada en el extremo sur del país, en pleno Trapecio Amazónico, donde se encuentran las fronteras de Colombia, Perú y Brasil. Leticia, con una población aproximada de 33.000 habitantes, vibra entre el caos tropical, el sonido incesante de los mototaxis y la presencia del río más grande del mundo.

En el aeropuerto me estaba esperando mi guía Ryan indígena Murui Muna de Amazonas para Viajeros . Apasionado por la fotografía y poseedor de grandes conocimientos sobre la selva y todos sus peligros Ryan fue mi ángel guardian en este recorrido y gracias a él pude cumplir el sueño de viajar sola a la Amazonia peruana y colombiana desde la triple frontera.

Desde allí nos trasladamos al hotel de cabañas Buru Nature, construidas sobre pilotes a 12 metros de altura. Estas cabañas inmersas en medio de la selva son rústicas y mágicas: no había aire acondicionado, solo un ventilador de techo, pero por la noche la temperatura de la selva se regula sola, la cantidad de vegetación aporta el clima perfecto, fresco para dormir. La ducha era de agua fría, pero con el calor húmedo del Amazonas esa agua fría es como un regalo. Allí, entre sonidos de monos, grillos y ramas que crujen, empezó realmente mi viaje.

A la mañana siguiente comenzó la aventura. Partimos hacia Perú para visitar a la trbu Ticuna, uno de los pueblos indígenas más importantes de la región.

Allí pude aprender sobre uno de los rituales que más me conmovió: la Pelazón.

La Pelazón es un rito de paso que realizan las jóvenes Ticuna cuando atraviesan su primera menstruación. Marca su entrada a la adultez y simboliza la renovación del cuerpo, la fuerza femenina y su integración plena a la comunidad.

En qué consiste?

Algunas de sus fases comunes son:

  1. Reclusión: Cuando la niña tiene su primera menstruación, queda apartada por un tiempo. Se requiere que permanezca en aislamiento relativo, bajo la guía de mujeres adultas, en un espacio de aprendizaje de lo que significará su nuevo papel social dentro de la tribu. A las niñas durante este proceso de «transformación» se les enseña todo lo que una mujer necesita saber para casarse y desenvolver sus tareas. La niña deberá permanecer en «aislamiento» con sus abuelas hasta que las mismas determinen que esta lista para la iniciación.
  2. Preparativos del ritual: Se preparan bebidas tradicionales (como el masato) y la chicha, embriagan a la niña para que no sienta dolor.  
  3. La ceremonia central: Anteriormente se le quitaba a la niña todo el cabello, arrancándolo a mechones hasta la raíz durante toda la ceremonia. Se realizan cantos, bailes, máscaras rituales, pintura corporal y adornos con plumas, caracoles y otros elementos. 
  4. Finalmente la joven entra a su nuevo rol social como “mujer” dentro de la comunidad. 

¿Qué simboliza este rito?

Qué dispone el estado y la ley actualmente?

Navegamos por el Amazonas hasta llegar a la Isla de los Micos, un islote del lado colombiano repleto de pequeños monos que saltan de rama en rama como si el tiempo no existiera.

El desayuno amazónico fue otro viaje: huevo con plátano, arepas, tostones crujientes y salados, papaya fresca, acai, licuados de frutas tropicales que solo existen en esta parte del mundo y un delicioso café colombiano.

Todo tenía un sabor más intenso, como si la selva concentrara su energía en cada bocado.

Los Ticunas también me enseñaron sobre el huito (o Genipa americana), un fruto oscuro que contiene un jugo, al oxidarse, se convierte en una tinta azul-negra. Lo usan para tatuar la piel con diseños que representan protección, conexión ancestral y pertenencia a la selva. Cada trazo dura días o semanas. Es un lenguaje corporal que no necesita palabras.

La artesanía como lenguaje espiritual

Elaboramos pulseras en rituales. Las mujeres trenzan los hilos con un método propio:

Primero frotan los hilos en sus piernas para energizarlos, luego los estiran, tensan, ordenan y finalmente los trenzan en silencio, como si cada hilo fuera una oración.

Para ellas, una pulsera no es un souvenir. Es un objeto de protección, un gesto simbólico, una ofrenda.

Terminamos la travesía en La Maluca, sentados alrededor del fuego con mi querido chamán. Él comenzó a contarnos historias antiguas, relatos transmitidos de generación en generación sobre las mujeres amazonas, esas figuras legendarias que dieron nombre a toda esta región.

Decía que las amazonas eran mujeres guerreras, independientes, feroces y protectoras de su territorio. Vivían en comunidad, sin sometimiento, y decidían sobre su propio cuerpo, sus alianzas y su destino. Eran símbolo de libertad, fuerza femenina y conexión espiritual con la selva, capaces de defender su hogar con arco y flecha, pero también de sanar, interpretar los signos de la naturaleza y guiar a su pueblo.

Para los pueblos amazónicos, ellas encarnaban el espíritu indomable del bosque: la mujer que no se quiebra, la mujer que crea, la mujer que renace.

Terminamos la noche cantando canciones ancestrales, con los pies descalzos sobre la tierra caliente, pidiéndoles a los dioses del río y de la selva que nos acompañen en nuestro camino.

En ese momento entendí que el Amazonas no solo te muestra su paisaje, te revela tu propia fuerza, la que estaba esperando ser despertada.

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